
Hoy, como siempre tomó el camino de siempre para mi trabajo, salía un poco tarde, pues me recuperaba de un malestar, recién podía ir un poco tranquilo al trabajo, aunque temeroso, porque aun esperaba los resultados de todos los tratamientos usados para mi malestar, que se me había complicado, cuando semanas ya había superado su primera etapa, aun me resta un mes de tratamiento y con los problemas de las huelgas de los profesionales de salud.
Lo que me gusta siempre es el recorrido en el ómnibus, me gusta sentarme en el último sitio al lado derecho al lado de la ventanilla, a veces no esta libre pero como el viaje es largo, siempre se termina por desocuparse, es curioso hago el mismo trayecto, de regreso, por la noche, veo el otro lado del recorrido sentado en el mismo lugar, me imaginé, que sería ver el lado que veo de noche verlo por la mañana, y el lado que veo de mañana verlo por la noche, las percepciones del camino, de la gente, cambia, nada es igual en la noche como en la mañana.
Salgo del Callao, ciudad portuaria, algo convulsa, bullanguera, violenta, tiene su lado amable como diría el Chavo, a veces me olvido, en las mañanas, descansa como el borracho que se acabo con toda la bebida, y ya no molesta a nadie cuando duerme, es tranquilo y sereno, salgo por la Avenida Guardia Chalaca, la zona mas tranquila, pero he pasado y dejado atrás, mi quinta y mi cuadra, caracterizada, por los chismes y los pleitos,
Mientras uno mas se aleja de esa avenida, en el carro por supuesto, la cosa se sigue poniendo bonita, bueno por lo menos de este lado, vamos llegando al Ovalo de La Perla, conecta varias calles, y hay varios lugares conocidos del Callao, por una Avenida llamada El Colegio Nacional General Prado, para señoritas, algunos en mi colegio, les llamaban “Las Gallinas Ponedoras”, por molestar, por jugar con las iniciales, al costado el colegio mixto “Nacional” y la famosa Universidad Nacional del Callao – UNAC, ese nombre nunca se me olvidará de mi mente, nunca estudie allí, pise alguna vez sus aulas, cuando participe en alguno de los tantos concursos de matemática que me tenía acostumbrado participar por el colegio, esa universidad tiene historia, tiene fama por las historias que me han contado, es que todo lugar, tiene su historia y no solo por el nombre o por la fecha de fundación, tengo buenas fuentes, tengo algunas personas ligadas a mi, que han pasado, pertenecen y seguirán llevando en su corazón, el nombre de la Gran UNAC, en la Av. Juan Pablo Segundo, tenemos el Gobierno Regional de Bellavista, allí también hay una biblioteca, me había inscrito en un taller, todos los domingos de 9 a 11 a.m., asistía al taller, pero al final creo que lo dejaré, no por falta de ánimos ni falta de expectativas, simplemente quiero tomar más descanso y dejar de llenarme de actividades, por otro lado esta el famoso Pozo, donde empieza la Avenida José Gálvez, donde empieza el movimiento, se oye el rumor del mar y me hace recordar el lugar que minutos atrás.
Volviendo a mi trayecto, me dejé divagar, paso por la hermosa Bellavista, porque negarlo, tiene lo suyo, respecto a los diferentes distritos del Callao, no le envidiaría nada a La Punta, zona balnearia del Callao, un día me sentí algo ofendido, cuando en mis épocas universitarias, se me pregunto:”¿De dónde eres?” y yo respondía:”Del Callao”, la otra persona decía:”La Punta”, indignado le recalcaba:”CALLAO”, es que La Punta no es el Callao, con el perdón de mis amigos los punteños, que los quiero, los aprecio, buenísimas personas, buenísima vista, y tienen el mar a su disposición, pero cada distrito tiene lo suyo, y porque uno resalte, no puede ser mejor que los demás distritos, sigamos en la ruta que estoy de tarde, empieza la Avenida La Marina, donde empieza el movimiento, el famoso distrito de San Miguel, en Bellavista, las calles un poco desiertas, pero en San Miguel no, cruzamos la Avenida Faucett, es un placer para la vista, rostros, manos, cuerpos, zapatos, camisas, corbatas, sacos, ternos, tacos, anteojos, u algún otro detalle extravagante que me hace reír, sorprenderme o envidiar, cruzó la Avenida Universitaria, y como que da ganas de no hablar que hay por allí, da ganas de dormir o de que toda esa parte sea un terreno baldío, cruzando la Avenida Sucre, luego viene el puente, es todo un placer cruzarlo, desde la subida hasta la bajada, me hace recordar muchas cosas, desde el recuerdo de un juego mecánico hasta la llegada a un orgasmo, pero hay algo que pasa en la cúspide, hay un lugar de velan gente, a militares suponga, no me imagino que me velan, a la luz del día, con la bulla de los carros y micros, mientras algunos imaginan que cruzando un puente pueden traerle a este recuerdos eróticos, terminando llegamos al solemne Hospital Militar, la Avenida Faustino Sánchez Carrión, llegamos luego a la Avenida Pershing, su supermercado Metro, sus edificios, un lugar, que yo le llamo la plaza de las Banderas, el Hotel Melia, todo formal, hasta llegar a la Avenida Javier Prado, tráfico atroz, sobre todo en las horas puntas, hora donde salen todos los trabajadores de oficina van a sus centros de labores, donde las movilidades de los colegios mas caros, llevan presurosos, a sus jóvenes clientes, hay de todos en esa fauna cruzando esa selva de cemento, los chóferes se alteran, a pesar de existir pocas combis, famosas por los pequeñas, por los peligrosas, el mismo espíritu batallador existe en el tránsito en cualquier conductor, en la casi tranquila Javier Prado, se puede ver que algunos pasajeros prefieren bajarse para caminar incluso correr al trabajo, me divierto observando eso, a veces cuando debido al tráfico nos detenemos, alguno no se dan cuenta, porque para entonces están más dormidos que La Bella Durmiente que ni un beso los despierten, otros están que recuerdan la madre del chofer, del policía de tránsito, porque llegarán tarde al trabajo, y estamos nosotros los de perfil bajo como yo, que solo nos dedicamos a observar por lo ventanilla, veo personajes curiosos como aquella extraña mujer, siempre tengo el lugar, no se porque, sea que yo vaya temprano, sea que yo vaya tarde , a mi hora establecida hay cierta sincronización, y allí esta, a veces de sastre, a veces algo informal. A veces como un personaje de Maitena, humorista y caricaturista argentina que lei (en libros piratas), que admiro y recomiendo, con el pelo tenido de un rojo intenso, con unos audífonos ni muy grandes ni muy pequeños adecuados, su forma de caminar, es una mujer con actitud, no dejo de admirarla, me gusta verla, hasta el carro, avanza se pierde el ensueño, queda el recuerdo de algunas mujeres que son tan expertas en el maquillaje al paso en el carro, porque pueda ser que el carro se mueva a mil por hora pero ellas, manejan con habilidad sin igual sus herramientas de belleza y quedan regias, para llegar al trabajo, para conquistar al jefe, subir de cargo o quizás al su esposo ideal
Entramos a Camino Real, atrás quedaron la publicidad en la pared de la Javier Prado que hablaba de las mujeres del lugar, paso por un antiguo trabajo que realice Telemarketing, atrás queda el tráfico, la tensión, el camino es llano, tranquilo y apacible, como el campo del El Golf. Pasamos la Av. Pezet, pasamos la Felipe Pardo y Aliaga, con una imitación de la piedra Sawyte. Solo queda seguir disfrutando la vista con las tiendas de la Av. Conquistadores, su gente, tan bonita, porque no pasan están cosas en las noticias, en vez de muertes, violaciones, paros y huelgas, eso debió pasar también la Sra. Laura Bozzo, mostrar a la gente bonita de Perú., el Ovalo Gutiérrez, con el Arcángel Miguel Ángel, con su escudo y espada, rodeado de su Fridays, de Mc Donalds, de su librería CRISOL, de sus cafeterías, de su cine CINERAMA, empieza la Avenida Comandante Espinar, mi paradero final, escueto, sin gracia, llego con rapidez, nos detenemos un momento en Angamos porque hay un semáforo, pero nunca pasa nada fuera de lo común, un semáforo más antes de bajar a la siguiente cuadra, paso de ser pasajero a ser peatón, llego a Miraflores.