
Hay muchas revistas, diarios y libros que le dan sugerencia de cómo solucionar el problema de no poder dormir o como algunos le llaman el insomnio, las recomendaciones van desde cambiar de posición para dormir o cambiar de sitio de dormir, como en mi caso que lo probé, porque es tan cómodo, dormir en un sofá deforme, vivir en una quinta con veinticuatro departamentos, en un suburbio, salir premiado, con el cumpleaños de tu vecino, probar pastillas, con receta, yo quería sobornar al boticario.
Opté por la mejor solución, la solución no solucionarlo, renuncie a ello, decidí aceptar el insomnio, experimentarlo, vivirlo, pero aprovecharlo y hacer lo que mas me gusta hacer y que no puedo hacerlo en mis horas de “despierto”, como estaba en mi casa, decidí escribir, dedicarme en mis noches de insomnio a esto, para volverme el gran escritor que sueño ser, para alcanzar la inmortalidad o morir en el intento.
Como gran escritor, me publicarán mis libros, daré entrevistas, estaré rodeado de luces, ¡la luz!, ¡la luz!, me molesta la luz, me molesta esa luz, (es la luz de la computadora a medianoche, el escritor donde escribo acerca de mi propia vida, mientras la vivo, pues no tengo que escribir. ¡Que original soy!). ¿Estaré soñando?
Llego a la etapa que tu mente te habla, y sigo odiando la luz, trato de cubrirme, protegerme, huir de ella, solo consigo perturbarme, ella logra colarse con cualquier parte, me dio por vencido me dejo llevar por ella y solo consigo tener un texto:
Me imagino pasar las horas, donde la noche ya casi no es noche, pero la mañana no es mañana, donde todo esta permitido, abro mi puerta abro, bajo mis escaleras, espero, respiro, observo, algunos peldaños antes de terminar el recorrido final, veo que la fiesta de mi vecino, esta en el final, este él casi solo, la música esta por terminar, se baja el volumen lentamente, él con su botella, su perdición, su maldición, quizás mi bendición para algo malicioso, me ve sentado, se acerca y pregunta: “¿Qué haces allí?”, le respondo:”Estoy esperando a alguien”, a pesar de su estado etílico se percata de mi vestimenta, de la hora y con cara de no entender exclama:”¿A quien?”, enfadado le digo:”A mis hermanos pues” y señalo arriba, el sigue con sus ojos mi mano derecho señalar el cielo, “¿Qué no sabe? soy un ángel. Hoy es la noche donde emprendo el vuelo”, suspiro y mirándolo a los ojos y acercando mi mano lentamente hacia su rostro pregunto:”Puedo tocarle”, el me escupe saliva y cerveza, “Tu no eres un ángel, lo que eres una mariposa, ¡¡Maricón de mierda!!”, su escupitajo quema mi cara, aguanto el dolor como los estoicos, he perdido algo de visión, estoy algo furioso, coloco mis manos en los barrotes, los fuerzo, a darme paso para salir, doblego un par mas y salgo, el borracho ha recuperado de pronto su sobriedad, me desnudo ante él, listo para dejar mi cuerpo mortal, y caigo al piso boca a bajo, de pronto tengo esas convulsiones, que ya había tenido mi niñez o adolescencia, ya estaba acostumbrado a ellas, al comienzo no comprendía, me llevaba a lugares extraños, lugares donde debía estar, lugares donde pertenecía, esas convulsiones provocan golpes en mi cuerpo mortal, rostro, brazos y piernas, el vecino deja caer su botella de cerveza, hay algo de sangre, las convulsiones paran, la cerveza llega hasta el cuerpo mortal, de mi espalda se salen alas, acompañado del mismo cuerpo renacido, aun me mantengo en el piso, tengo que acostumbrarme a este nuevo cuerpo. ¡Vaya bienvenida!, cemento, orín, sangre y cerveza, me pongo en pie, me sacudo un poco, el frío me incomoda pero me acostumbró a él, me acerco, compruebo con mis pies que hay vidrios en el piso, me inclino, toco los vidrios y recupero el estado normal de la botella con su contenido, termino de acercarme, le acerco la botella, la dejo en su mano, su mano roza la mía, decido tocarle el rostro, de pronto siento que es de nieve y que las yemas de mis dedos tienen calor humano, y llego mas allá, lo beso en los labios, que saben a carne humana, fluido humano, pero tiene un ingrediente indescriptible aliento humano y emprendo el vuelo, el vecino cae sentado con su botella, los pantalones mojados, la luz se apaga, la puerta se cierra detrás de el.
No se, porque cuando no puedo dormir, de pronto el sueño se apiada de mi y vuelvo, siempre soy un ángel en pleno vuelo.
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