miércoles, 15 de octubre de 2008

¡Que bonita Vecindad!






Yo no elegía la vecindad que iba a vivir, eso lo eligieron mis padres, hace 36 años antes de concebirme, mi madre vivía un poco más, en otro departamento, de la Quinta San Francisco de Asís, con 24 departamentos, divididos en 2 pisos, con 6 escalares, ubicada en la cuadra 9 del Jirón Cuzco, en el Distrito del Callao, en la Provincia Constitucional del Callao, antes una zona tranquila no residencial, pero tranquila, donde el lechero, estilo el chavo, podía dejarte la botella de la leche en tu puerta, ahora ni el pan nos dejan, porque viene otro y se lo lleva.

Aunque la delincuencia siempre ha existido, pero no tanto como ahora, el Callao ahora tiene una fama pésima a pesar de que trato de mejorarlo frente a mis amigos, para que vengan a visitarme, pero si hay un recuerdo de un cine que había antes en El famoso Obelisco de mi vecindario, mi padre era fanático del cine, siempre nos llevaba, de pronto saliendo, un delincuente dispara a otro, mi padre coloca nuestros rostros en su abdomen, para que el delincuente no se sienta reconocido, mi hermana tiene mas detalles de ese recuerdo yo lo tengo olvidado.

Pero que mas puedo decidir de mi linda vecindad, siempre presente el chisme, el raje y la fijonería, como el día que asaltaron mi casa, las vecinas querían ver más como teníamos mi casa en vez de preocuparse por lo que había pasado, deje mi hogar en manos de esas mujeres, que a puesto aprovecharon en llevarse algo que los ladrones no notaron.

Tuve muchos vecinos, amigos, que mi poca memoria, no se si los he de mencionar a todos, a mi primer mejor amigo Gabriel, a mi primer mejor enemigo Alex, siempre tenía el problema que las hermanas menores de mis amigos se terminaban enamorándome de mi, felizmente uno de mis últimos amigos tenía hermanos mas no hermanas, tenía también vecinas, pero nunca paso nada con ellas, ni siquiera el primer amor, era un poco zanahoria para eso, pero mis vecinitas, creo que eran mas listas, que después de me entere de historias no apropiadas para contar, para edad tan inocente, quizás el mismo lugar o el calor del verano, la llevaron a cometer tales travesuras, lo dejaremos como besos en la oscuridad en las escaleras.

Teníamos vecinos de todo tipo, el típico viejo renegón, que no le gustaba que la pelota chocará su puerta, le llamábamos el Padre de la Vega, de padre no tenía nada, me di cuenta que era un viejo mañoso, usaba un bastón, tenía un problema en la cadera, él era como la bruja del 71, todos le temían, pero si teníamos nuestra bruja, apodada cariñosamente como “Meche”, con su maquillaje estrafalario estilo egipcio, siempre vestía de negro, con su perro chusco negro bautizado como “Duque”, algunos decían que había hecho pacto con el diablo, para que el bendito perro no muriera, de adulto recién me di cuenta de la mentira.

Había una familia al frente del departamento del Padre de la Vega, un hombre alcoholico, su mujer y varios de sus hijos, tenía un perro, un doberman, que soltaban para espantar a los niños, había un muchacho sádico llamado David, que se divertía molestando a los niños, pobre chico todo lo que habría de sufrir en esa casa, para tener ese comportamiento.

En la casa del fondo vivía la familia que se creía adinerada y la mas blanca de la vecindad, la familia Palomino, el padre, la madre y sus cuatro hijas mujeres, la mayor, la Señorita Ana, siempre interesada, siempre detrás del dinero, ahora detrás de los hombres casados con tarjeta de crédito, la siguiente la Señorita Carla, la mas agestada, no se si ahombrada, por allí dicen que tuvo una historia de amor con un primo, pero después no se le conoció pareja, quizás se creía muy blanca para la gente del Callao, mis amigos le llamaban la agente Scully por una serie de televisión, la Señorita Paola, creo que la mas coqueta, y bandida de todas las hermanas, pero me guardo mi opinión, porque no tuve nada con ella, finalmente la menor, la Señorita Carmela, la mas consentida, engreída y aniñada de todas, tuve mis enfrentamientos con ella, a pesar de que me pedían ayuda para las tareas, nunca olvidaré a esta familia, que se sentían tan indignos de vivir en ese lugar, se mudaron al fina, pero sigue en el mismo distrito, no tan lejos de la vecindad.

También habían familias que representaban la pobreza, como una señorona gorda, con varios hijos, el mayor, no recuerdo su nombre, ahora es un drogadicto anónimo por las calles, Milton, le seguía creo que trabaja en SLIMP, Cristy, la mujercita que parecía hombre en el comportamiento al estar rodeada de tantos hombres me imagino termino comportándose como uno, y finalmente Cristian, que sufría de retardo mental, cuando se escapaba era feliz, todos corrían detrás de él, para devolverla a la casa.

Han pasado otros vecinos, otras familias, incluso una tía y sus cinco hijos, también fueron mis vecinos, pero me aburriría y me cansaría de contarles, algunos han mandado a sus familiares a vivir por aquí, no se si por venganza o por que realmente les gusto vivir aquí.

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